sábado, 30 de agosto de 2014

Reseña: Más negro que la noche (2014)


País: México.

Director: Henry Bedwell.

Género: Fantasmas.

Al término de la película, estaba ansioso por ir al baño y poder orinar, pero sorpresivamente pasaron una escena después de los créditos, la cual tiene que ver con mi veredicto al final de esta humilde reseña. En fin. Mientras estaba en el sanitario, escuché a unos tipos que dijeron ‘‘ni a mi peor enemigo se la recomendaría, aunque bueno… Mejor sí lo haría. ’’

Mi opinión al respecto de lo anterior está en sí y no. Por un lado, si uno es consciente de la película de Taboada (es como el Star Wars de México que, cada que quieren, lo ultrajan, violan y chingan cada que pueden), esta película serviría para criticarla, burlarse desvergonzadamente y padecer de varios facepalms. Por otro lado, entretiene si tu pareja y tu familia han hecho planes en los que no te han incluido y aparte de eso, no tienes ningún deber académico, social o personal, pero para eso, mejor aprovechar en revisionar Lucy (2014, Luc Besson) o la muy recomendable Guardians of the Galaxy (2014, James Gunn).

Entremos en materia. Esta película cuenta con un soundtrack llamativo, hay looks que dan risa –el personaje a cargo de Eréndira Ibarra, los espantosos rizos de Vega y los invitados a la fiesta hipster que organizan en la laberíntica mansión- y hacen un intento por desviar la trama de la versión original por otro lado, que es el de no caer en la repetición de la historia, que es un detalle que desarrollaré al final de esta dizque reseña, pero lo peor radica en las actuaciones que van de mal –el tipo narizón que sieeeeeempre sale en todas las películas mexicanas- a lo peor –la sirvienta que parece la hija perdida del abuelo de The Munsters (1964-1966) y la Sra. Doubtfire-; los efectos resultan en ciertas ocasiones –quería golpear a la niña que cada rato decía que el cuadro del personaje de la anciana era ‘‘un recuadro mágico-, pero es en las muertes donde a veces funciona, aunque tristemente no he dado con una película en la que la sangre falsa intente parecer real sin quedar como la empleada en los giallos o que parezca chamoy.

Siento que en cada maldita película mexicana deben de incluir desnudos (parciales, sino la audiencia descerebrada comenzará con risitas y las madres preocupadas taparan los ojos de sus críos), un drogadicto persuadiendo de consumir a otro, cumpliéndose así lo establecido en Cabin in the Woods (2012, Drew Goddard) de tener a una puritana (o dizque, como Greta), una golfa (la española), alguien intelectual (María), un atlético (Jose María Torre luce bícep y trícep con apretadas camisas hipsters), un drogadicto (el narizón que ya mencioné), una cool (¿Pilar? Supongo que su cabello y look hipster nos intenta dar ese indicio). Una pena que con lo de los desnudos se cumpla y desgraciadamente, siguen yendo niños fastidiosos al cine de terror.

Volviendo a las actuaciones, Louvier se salva de la quema y es quizás ella la que mejor se toma la naturaleza de este filme, o sea, está consciente que es una película de terror, debe posar, intentar simular un grito de horror y bueno, por su papel me tomé con cierto humor toda esta parafernalia absurda; Eréndira Ibarra hace un esfuerzo por lucir natural con ese chistoso aspecto hipster, pero naaaaaaadie en la audiencia la tomó en serio, es decir, con ese patético look en el cabello, que parece tener pegada una peluca, pues no… distrae. Zuria Vega, de ratos, parece una versión con cabellera oscura de Claudia Islas, lo cual hace que uno intente ver al reparto original actuando y recitando la serie de eventos que acontecen en este despropósito.

El gato -hasta para el animalito hay leña verde- no logra transmitir esa dulzura que hizo el Bécquer de Taboada, éste luce exagerado y no provoca dolor e injusticia en el momento de su muerte, lo cual aquí es más gráfico que en la original, a tal grado que no sé si en realidad mataron a uno para esta escena o editaron tan bien el momento que luce creíble. Ojalá la edición hubiera estado así en toda la película, porque tiene unos ‘‘cortones’’ que descolocan.
Con la cabeza fría, puedo llegar a la conclusión que la película no es más que una fábula en la que la moraleja está algo clara si se puede ‘‘ver entre escenas’’ o tomar en cuenta detalles que, como bien está el ejemplo de que si añaden un clavo, es por algo que tomará relevancia en el tercer acto, pues yo saqué mi conclusión con este fallido reboot –porque no tiene nada de remake- de Más negro que la noche (1975, Carlos Enrique Taboada):

Una vez que alguien recibe una herencia o una oferta en la que se ve involucrado el dinero, también cuenta el posible ascenso social, se deben de desechar las amistades que se tuvieron antes de ese hecho. En lo anterior, queda claro con el personaje de Eréndira Ibarra, que es la viva imagen de la vulgaridad, el alivio cómico, el mal gusto y la imprudencia; luego está María (Adriana Louvier) que lucía la más normalita del grupo (en la versión original el personaje era encarnado por Susana Dosamantes) es una aspirante a escritora, posiblemente una letrada –la trama no le permite profundizar mucho en ella-, pero que tiene indicios de bipolaridad o trastorno de personalidad; ni se diga a la española sosa que aparte de ser drogadicta, es promiscua y queda evidente su naturaleza de traicionera. Todo lo anterior no se manifestó antes de llegada a la casa de la tía Susana –no sé cómo carajos nombraron a la anciana en esta versión-, incluso el novio del personaje de Zuria Vega le deja claro que nada más entra en esa casa, ella se transforma en otra persona.

Para mí, el mensaje es sencillo: Si te has ganado la lotería o has percibido un golpe de suerte monetario, deshazte de tus amistades y tu prometido, porque no van a aportarte ni apoyarte en nada, es decir, el gato Bécquer muere, que simbolizaba lo más valioso de la casa, lo cual puede traducirse a algo invaluable y bueno, la polémica escena (para un servidor) en la que Pilar y Victoria (Ona Casamiquela –vaya nombrecito-) discuten lo de la infidelidad de la española con el hermano de la primera (o sea, la del peinado súper ridículo) están viendo la televisión y están transmitiendo la película original. Lo que me hizo pensar que, muchas veces uno ve reflejada cierta similitud en nuestras vidas en la ficción, pero decidimos ignorar ese detalle o no le prestamos atención hasta que es demasiado tarde. A mí me ha sucedido muchas veces con la serie How I met your mother (2005-2014), en donde ciertos capítulos pudieron ayudarme a evitar situaciones que, de haber conocido antes el programa ya citado, no hubiera pasado nada. Eso lo percibí con ese guiño para nada gratuito de la versión original con este reboot tan pendejillo como prescindible.


Sólo ese mensaje moralizador le da puntos sobre una calificación que no hubiera pasado del 5/10. Y el color de este texto es un digno homenaje a ese fluido de ETS derramado sobre la mitad de la cabellera de la respetable actriz Eréndira Ibarra, porque se deben de tener agallas, ovarios y mucho profesionalismo para aceptar ese look en un producto desganado como esta película. Mejor hubiera visto Guten Tag, Ramón (2013, Jorge Ramírez Suárez) [Chiste entre mi hermano y yo].

6/10

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